Aprender a crecer: dilema, conflicto e incertidumbre

La libertad de elegir tiene un pequeño gran problema: el dilema frente a las opciones de una decisión. Siendo ésta una buena y mala noticia, no hay mucho que podamos hacer

La libertad de elegir tiene un pequeño gran problema: el dilema frente a las opciones de una decisión. Siendo ésta una buena y mala noticia, no hay mucho que podamos hacer. Como humanos, estamos condenados a experimentar constantemente el cambio, ya que voluntariamente o no, debemos afrontar la vorágine que supone el saber qué hacer con nuestras vidas. Pero, ¿por qué es tan importante decidir? Pensemos un momento en lo que sería que nuestras acciones dependan completamente de la voluntad de alguien más, algo que sin duda eliminaría la angustia de decidir pero que iría en contra de una parte esencial de nuestra condición de humanos. El dilema se produce porque somos incapaces de eliminar la incertidumbre que generan nuestras opciones; esto es, encontrar la forma de saber cuál será la mejor elección antes de elegir. La condición de humanos ha hecho que desarrollemos una serie de mecanismos que nos permiten seguir nuestro día a día a pesar que no sepamos lo que ocurrirá el minuto siguiente. De alguna forma, hemos aprendido a asumir la incertidumbre y a incorporarla a nuestros actos cotidianos sin que esto suponga más ansiedad, algo que deja de funcionar cuando el dilema se apodera de nuestras certezas. Es entonces cuando aparece el conflicto, entendido como el momento que antecede a la aparición del dilema. Las alternativas son claras pero la solución no tanto, y es justo ahí donde el conflicto comienza a tener más relevancia. A la mayoría de las personas no les gusta el conflicto porque puede suponer una intensa batalla, interna y externa, para decidir sobre cuestiones que pueden ser inciertas y por lo tanto conllevar algún riesgo. Esta es la disyuntiva: para tener algo hay que dejar algo, hay que decidir y aprender a crecer desde esa “pérdida”.  Este proceso se pone en práctica de diferentes formas según los escenarios donde nos encontremos. Además, las maneras de salir del dilema pueden ser más o menos complejas ya que solemos automatizar las respuestas o dudar en función de nuestro sistema de valores, algo que dependerá de cada persona. Es por esto que es posible aprender no solo de la renuncia implícita en una decisión, sino también del conflicto que genera un dilema. Es el conflicto lo que nos permite dudar y hacernos preguntas, lo que a su vez nos permitirá cuestionar esquemas y romper paradigmas dentro de ese proceso de cambio.  Como decía antes, las personas encaran los dilemas y los conflictos de manera distinta, lo que explica que algunas puedan tomar decisiones muy fácilmente mientras otras sufren mucho al tener que hacer una elección, aún cuando se tratan de cosas simples o menores. Es por esto que en los dos casos, una mirada exterior puede ser muy útil para gestionar el conflicto, encausarlo y darle un propósito. Lo importante es asumir esto como una oportunidad para crecer, en lugar de que se transforme en una causa de ansiedad. El derecho a confundirse va unido a proceso natural de aprender. J. Ramón Carrillo

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