Dar la bienvenida al calor sin perder la cabeza

Todos esperamos la llegada del verano como algo estimulante que provoca buen humor e incita a salir, pero nadie espera que las altas temperaturas lleguen tan pronto y obliguen al organismo a sobreadaptarse pudiendo provocar malestar.

Después de un largo año, lo que más nos apetece es que salga el sol, empiece a hacer calorcito, que lleguen las vacaciones y tener energía para hacer planes al aire libre. Todos esperamos la llegada del verano como algo estimulante que provoca buen humor e incita a salir, pero nadie espera que las altas temperaturas lleguen tan pronto y obliguen al organismo a sobreadaptarse pudiendo provocar malestar. El cuerpo humano tiende a equilibrar su temperatura oscilando entre los 36 y 37,5 grados aproximadamente pero la constante exposición al calor altera los límites del organismo provocando una sobreadaptación del mismo a la temperatura ambiente. Sobre todo al inicio, cuando el cuerpo no está habituado, la situación ambiental nos impulsa a hacer un esfuerzo en mantener nuestra temperatura interna en consonancia con la exterior y empieza el reto de “enfriar el cuerpo”, que puede dar lugar a un grado de cansancio alto y malestar general. El buen humor y la energía para hace cosas van descendiendo y cada vez nos sentimos más apáticos y desganados. La sensación de cansancio, sueño, la ausencia de ganas para hacer cosas puede hasta confundirse con sintomatología depresiva. Aun así hay que tener en cuenta de que se trata de un proceso de adaptación de nuestro cuerpo a la condición climática, que es transitorio y los síntomas remiten a la larga.  Pero durante este periodo nos sentimos susceptibles y hasta vulnerables orgánicamente. Algunos estudios hablan de un aumento de la conflictividad en esta estación. La sensación de malestar general provoca mal humor y ,sobre todo, irritabilidad que hace que disminuya nuestra capacidad reflexiva y aumenten las conductas impulsivas. Lo interesante es entender el calor como una evidencia objetiva y real pero también la podemos entender como un estado mental. El cerebro puede moderar la intensidad de la percepción de la sensación de calor independientemente de las condiciones ambientales. Podríamos estar hablando de una actividad mental que nos podría permitir pasar estos días de forma más llevadera mediante la concienciación de este proceso natural y las condiciones en las que nos encontramos. Podríamos decir que nuestro querido sol, cuando su impacto en nosotros es muy fuerte, afecta a nuestro estado anímico así como orgánico, provocando decaimiento y fatiga como irritabilidad, cambios de humor y afectación al sueño que hace que aumente la sensación de malestar general. Pero hay que tener presente que se trata de un proceso natural y pasajero de adaptación, mediante el cual, el organismo intenta acomodarse a la situación ambiental. Los síntomas suelen ser intensos al inicio del cambio de la estación y tienden a desaparecer a medida que pasan las semanas.  Todos estos efectos alteran nuestra rutina y parece ser que de algo agradable se convierta en algo frustrante y desesperante. Pero es necesario ser conscientes que se trata de un proceso adaptativo para prevenir alguno de los síntomas y, sobre todo, el golpe de calor. En definitiva, el calor afecta directamente sobre nosotros y nuestro estado de ánimo y en según de forma en la que nos lo tomemos. Si es de forma preventiva y siguiendo las recomendaciones básicas luciremos del sol y sus ventajas, así como de una experiencia gratificante. En el caso que nos pasemos nos quemaremos y el cuerpo reaccionará psicológica y fisiológicamente. Agata Sans

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