Depresión: hablemos de ella

La Organización Mundial de la Salud (OMS), dice que en el mundo más de 380 millones de personas sufren de depresión. Esto significa que casi 1 persona de cada 5 ha sufrido al menos una vez en su vida de depresión. Una persona de cinco es de verdad mucho, demasiado.

La depresión es un trastorno del estado de ánimo. Por lo general, quien la sufre percibe frecuentes e intensos estados de ánimo de insatisfacción, tristeza, además de la pérdida de placer en la mayoría de las actividades cotidianas. Las personas que sufren de depresión viven en una condición de mal humor y con pensamientos negativos y pesimistas hacia sí mismos y hacia el futuro. Los elementos psicológicos principales son: Rumiación mental (autoanálisis): la tendencia a analizar continuamente su malestar (falta de energía, estado general de tristeza) y sus problemas (pérdidas o fracasos) buscando entender las causas y las consecuencias. Las preguntas se repiten incansablemente: ¿Por qué me ha pasado a mí? ¿Por qué estoy tan mal? ¿Qué hice para merecérmelo? ¿Dónde me equivoqué? El resultado de esta cascada de preguntas es la ampliación del estado depresivo. Retiro social: indica la reducción del contacto social y de las actividades cotidianas. También se expresa en comportamientos que se caracterizan por evitar tareas cotidianas y que están motivados por la idea de no ser capaz de realizar dichas tareas o de no sentir ningún tipo de placer. El resultado es la pasividad generalizada y un incremento en la desmotivación. Autoevaluación negativa (autocritica excesiva): la tendencia a evaluarse negativamente como incapaz, desafortunado, indigno de amor y defectuoso. Negativismo: mantener la atención constantemente sobre lo que falta para ser feliz o estar satisfecho de sí mismo y de la propia vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS), dice que en el mundo más de 380 millones de personas sufren de depresión. Esto significa que casi 1 persona de cada 5 ha sufrido al menos una vez en su vida de depresión. Una persona de cinco es de verdad mucho, demasiado. Estos datos son de hace algunos años y probablemente las cosas no mejorarán en el futuro. La OMS dice que, en el 2020, la depresión se volverá la segunda enfermedad más difundida en el mundo después de las patologías cardiovasculares. Como hemos visto, si la depresión no es tratada, las consecuencias negativas se entrelazan en una espiral cada vez más perjudicial para quien la padece. Desde una óptica más profunda, la psicología de los constructos personales (Kelly) explica que la depresión crea una reducción del campo perceptivo del individuo con el fin de minimizar el riesgo de invalidación personal. De hecho, esto da sentido a comportamientos habituales de una persona deprimida, como es por ejemplo dormir en exceso o evitar situaciones de exposición social, los mismos que pretenden reducir o evitar el que estas situaciones provocan. Aunque es verdad que una vez diagnosticada la depresión, los síntomas son parecidos para todos, es igualmente cierto que estos se instauran y se establecen en cada persona a través de una razón única e individual. En este sentido, la terapia busca aislar el origen del malestar, dando valor a la experiencia individual de cada persona. De esta forma, al detectar la peculiaridad que ha causado el malestar subjetivo, un buen proceso terapéutico es capaz de individualizar los recursos de cada persona para retomar lo más pronto posible, la normalidad en las actividades cotidianas y en el estado de ánimo. Esto es perfectamente posible. Anna Laura Cardella

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