El baile de los que sobran

La palabra “normal” es una invitada frecuente en mi consulta. La utilizo yo como terapeuta y la utilizan también mis pacientes. Si además pensamos que acudir al psicólogo puede considerarse como una situación “anormal”, es claro que el concepto de normalidad da para más de una reflexión.

La palabra “normal” es una invitada frecuente en mi consulta. La utilizo yo como terapeuta y la utilizan también mis pacientes. Si además pensamos que acudir al psicólogo puede considerarse como una situación “anormal”, es claro que la idea de normalidad da para más de una reflexión.  Podemos empezar diciendo que el concepto detrás de lo que se considera “normal” surge a partir del consenso generado dentro de un grupo en el que las diferencias entre sus miembros son nulas o muy escasas. La homogeneidad de la mayoría deviene por tanto la regla, por lo que cualquiera que quede fuera de este consenso podría verse excluido, podría sobrar en otras palabras. Si observamos lo que ocurre a nuestro alrededor, podríamos concluir que nuestra vida es “normal”, es decir que encaja en ciertos aspectos comunes para la mayoría que nos rodea: trabajo, ropa, hambre, deseos, vacaciones, etc. Pero, ¿qué pasa cuando algo de ese espectro de normalidad (y de seguridad) se rompe? ¿Qué pasa cuando ya no nos sentimos parte de un grupo?  Unos podrán sentirse especiales, otros podrán sentir la falta de seguridad e incluso de identidad. A pesar de que las reacciones serán diversas, es seguro que la normalidad tiene buena prensa ya que incluye la sensación de pertenencia, de que compartimos algo más grande: tenemos la seguridad de que lo que nos pasa también le pasa a más personas, que no somos los únicos. Es por ello que se puede decir que la felicidad o la desgracia están compartidas. Entonces, cuando uno está pasando por una crisis, ¿está siendo anormal? Pues todo lo contrario: está siendo mayoría, está siendo humano y, sobre todo, está aprendiendo. Ser normal es bueno, pero es relativo y depende de muchos factores que tienen que ser considerados en cuanto pronunciamos esta palabra. Para muchas de las personas que vienen a la consulta, el querer encajar en la “normalidad” es una de sus prioridades. No obstante, la pregunta que ha de hacerse es para quién queremos ser normales. Ser normal no es sinónimo de estar sano y mucho menos de cordura; ser normal, a veces, está sobrevalorado como una idea de aceptación, identidad y cohesión grupal. Sin embargo, pensar que porque estás atravesando un momento difícil -como podría ser un sentimiento de tristeza prolongada o porque encuentras difícil manejar la ansiedad- es ser anormal sí que puede ser un error. Para terminar, me gustaría explicar que el título de este post está prestado de una canción de Los Prisioneros, un grupo chileno muy popular durante los ochentas y noventas. La letra nos invita a pensar que aquellos al margen de la “normalidad”, los que sobran, en realidad no están excluidos pues de hecho sirven para explicar la complejidad que nos hace humanos.  Mira el vídeo de "El baile de los que sobran" de Los Prisioneros J. Ramón Carrillo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede interesar

¿Para qué sirve la terapia de pareja?

Leer más

Terapia familiar para ayudar a superar una depresión

Leer más

¿El lenguaje corporal define quiénes somos?

Leer más