Hablemos de los pequeños y el confinamiento (II)

Ariadna es Psicóloga Infantojuvenil y forma parte del equipo de profesionales CEPFAMI. Hablamos con ella para que nos resuelva algunas dudas en relación con los niños y el confinamiento.

¿Por qué los peques están inquietos estos días? Una de las condiciones de los niños es la de la exploración del mundo que les rodea. Están acostumbrados a estar expuestos de forma constante a nuevos estímulos y aprendizajes. Están sujetos a una rutina y cada día se relacionan con otros niños que hablan su mismo lenguaje con los que juegan, se mueven y liberan la energía. Pensemos que este contacto con el mundo exterior, el mundo que ellos conocen, les ha sido privado, y las razones no son fáciles de comprender según la edad que tengan. Además, estos días la inquietud solo la pueden expresar en un espacio (en casa), mientras que en el día a día lo expresan en varios de ellos y quizás no somos tan conscientes de ello. Por otro lado, la situación que estamos viviendo es totalmente novedosa para todos. Es normal que, ante la constante exposición a tanta información, los adultos sientan cierto miedo y ansiedad respecto a la incertidumbre y las posibles consecuencias. Esta preocupación se expresa de distintas formas y a múltiples niveles. Los niños captan este malestar, y ante la imposibilidad de entenderlo y comunicarlo, lo actúan. Por lo tanto, en la mayoría de los casos, la actitud de los padres hace de espejo. Es fundamental transmitir a los hijos tranquilidad y aceptar y acoger de la mejor manera posible sus momentos de nerviosismo. ¿Qué actividades recomendarías que los padres realizaran con sus hijos? ¿Por qué? Considero que es importante que los niños sigan con una rutina en la que se contemple un espacio para realizar tareas escolares y escribir y leer (o dibujar y leerles si aún no saben). Pero también es importante que se diviertan y que aprendan en casa asignaturas que no se enseñan en el colegio. Es una buena oportunidad para pasar tiempo juntos, hablar con ellos y descubrir quiénes son.  Observar, comunicarse y averiguar sus intereses, qué se les da bien, qué les divierte y aprovecharlo exprimiendo al máximo la creatividad (de adultos y niños) para idear una gran diversidad de actividades adaptadas a su edad que les permita seguir desarrollando sus capacidades y habilidades, tal y como se haría en el colegio. Algunos ejemplos que se me ocurren podrían ser idear cada día una rutina, cocinar juntos, jugar (adaptándolo a la edad), si son más mayores jugar a juegos de mesa o incluso crearlos, hacer manualidades, dibujar y pintar, hacer un álbum de fotos con escritos y dibujos, hacer gimnasia, ordenar y organizar distintos espacios de la casa ( que cada espacio tenga una función), escribir y dibujar un cuento o un cómic didáctico conjuntamente ( por ejemplo sobre el virus y cómo vencerlo), enseñarle algún hobby o prácticas el que ya tengan con ingenio, etc. Por otro lado, recomiendo que se programe un espacio al día para hacer algo de deporte con ellos o al menos animarlos a hacerlo poniéndoles videos. Es importante puedan moverse y descargar la energía corporal.  Las actividades que propongo tienen una finalidad lúdica para que el día no se les haga tan largo, pero la interacción con el adulto les enriquece aportando aprendizajes nuevos. ¿Es bueno que los niños establezcan horarios en sus rutinas diarias? Por supuesto, deben diferenciar los momentos del día. Deben entender que no están de vacaciones, y mantener una estructura y unos hábitos les ayuda, entre otras cosas, a mantener estable el ritmo circadiano y seguramente influya en su estado de ánimo. Lo ideal sería programar el día como si estuvieran en el colegio. Hacer tareas académicas por la mañana ( aunque no tengan clases online), programar cada mañana qué se va a hacer durante el día y en qué horas (incluir espacios en familia), mantener un horario fijo de comidas, dormir unas 8h de media (dependiendo de la edad del niño), acostarse siempre a la misma hora que se acostarían en situaciones normales y por la noche evitar las pantallas y sobre todo la información del exterior para que puedan conciliar el sueño y descansar. ¿Qué hacemos cuando necesitamos un ratito para nosotros? Es normal que los adultos necesitemos desconectar y dedicarnos ratos para nosotros mismos. De hecho, es aconsejable para nuestro bienestar emocional, porque esta situación es dura para los niños, pero también lo es para los adultos. Depende de cada realidad y de la edad de los hijos, es más o menos fácil disponer de este espacio individual. En algunos casos basta con comunicarse y pedirlo. En el caso de tener hijos muy pequeños o demandantes, hará falta un poco más de ingenio. Algunas opciones que os propongo son: incluir este rato de descanso parental en el horario que generéis; intentar poner unos límites o normas desde el diálogo o el juego; proponerles una tarea o una actividad que les tranquilice y que sea muy importante que hagan solos; ponedles alguna película o serie de televisión; pactad entre los adultos o/y hijos más mayores que conviváis ese rato de descanso. Respecto a este último punto, es importante comunicarse con la pareja, atender las necesidades mutuas y pactar por ejemplo algún momento del día en los que asuma el cuidado de los niños uno de los dos. Cuidarse mutuamente en estas circunstancias puede facilitar la convivencia. ¿Cómo puede afectar esta convivencia excepcional de los padres con los hijos pequeños? ¿Y no tan pequeños? A nivel general, considero que las afectaciones en la convivencia dependen principalmente de cómo afronte esta situación cada familia y de los posibles conflictos explícitos o latentes que haya a nivel relacional e individual. Obviamente, hay una serie de variables que pueden facilitar o dificultar la convivencia. Por ejemplo, en un espacio reducido, es posible que los niveles de estrés y de ansiedad sean mayores. La convivencia también puede hacerse más fácil o más difícil según la organización y dinámica familiar previa, pues hay familias que están más acostumbradas a pasar tiempo juntas dentro de casa que otras. Respecto a la convivencia con niños pequeños, es probable que, ante niños muy demandantes de atención, los padres puedan sentir cierto desgaste, cansancio, estrés e irritabilidad.  Cabe comentar que la conducta y el bienestar emocional de los menores durante este tiempo de confinamiento podría estar en parte sujeto a la actitud y el estado anímico que perciben en casa. Así mismo, la conducta y el estado emocional de los menores puede influir de igual forma en los adultos, produciéndose así una circularidad que afecte de forma visible a la convivencia. Obviamente, todos tenemos derecho a tener un mal día o estar más bajos de ánimo en algún momento; hay que darse el permiso para ello también. Tanto en la convivencia con niños pequeños como no tan pequeños, es una buena ocasión para pasar tiempo juntos, disfrutar y hacer con ellos todo aquello que en medio de una rutina ajetreada no tienen cabida. Intentar acercarse y comprender su mundo, así como sus intereses y necesidades en función de la edad.  Vivirlo como una carga o como una oportunidad para enriquecer la relación es elección de cada uno. ¿Qué problemas psicológicos puede provocar el confinamiento en los niños? Es difícil contestar a esta pregunta con exactitud sin haber realizado un estudio sobre ello. Es evidente que hay un cierto malestar emocional y algunos niños lo manifiestan en forma de síntomas.  A mi parecer, los más comunes están siendo la sintomatología ansiosa, sintomatología depresiva, dificultades en el área del sueño, somatizaciones e irritabilidad. En algunos casos podría desencadenar conductas obsesivas, dificultades en la regulación de la conducta, adicción a las pantallas, conflictos relacionales y fobias.  Pero como he comentado anteriormente, todavía no contamos con evidencias científicas para responder a esta cuestión. Parte de este malestar podría estar relacionado con los conflictos que se hayan dado durante este tiempo y de cómo se hayan afrontado.  Que estos problemas psicológicos sean de mayor o menor gravedad, dependerá de algunas variables del propio menor como pueden ser la edad, el carácter, su capacidad resiliente, capacidad de expresión, y el modelo de afrontamiento que aprendan de los padres. Así pues, la gestión emocional que vean reflejada en los padres será un factor vital para las posibles consecuencias psicológicas de los menores. Algunos de los consejos que os doy para mejorar la convivencia son: -Establecer una rutina para todos y organizar el espacio y el horario para que todos puedan cubrir sus necesidades. Es importante dedicar varios momentos al día de plena atención a los hijos, pero también es importante que os regaléis momentos de tranquilidad para vosotros mismos. En caso de tener hijos adolescentes, agradecerán que respetéis su espacio individual, así como su necesidad de mantenerse, en cierta medida, en contacto con el mundo exterior. -El sentido del humor -Mantenerse activos de cuerpo y mente. Para cuidar las relaciones con los demás es importante cuidarse a uno mismo también. -Si tenéis hijos pequeños, os animo a hacer ejercicio con ellos para que puedan descargar energía -No sobre estimularse de información. Informarse lo justo y necesario para estar al día y a poder ser, evitar informarse por la noche para propiciar un mejor descanso. Así mismo, es recomendable que seáis vosotros quiénes informéis a vuestros hijos pequeños sobre lo que consideréis que es necesario que sepan y que los mensajes sean transmitidos desde la calma, la tranquilidad y el optimismo. - La limitación de las pantallas a vuestros hijos. Si bien son un buen entretenimiento, empleadas en abuso pueden traer consecuencias negativas para uno mismo y para la convivencia (descanso, estado anímico, aislamiento, etc.) -Manteneros en contacto con el exterior. Comunicarse con los seres queridos por teléfono, redes sociales o videoconferencia contribuye al bienestar -En caso de conflicto, es difícil encontrar una vía de escape ya que debemos permanecer en casa conviviendo con esa persona. Por lo que ahora más que nunca, es importante facilitar y respetar un espacio para la reflexión y la resolución de conflictos. En la medida de lo posible, es importante evitar las discusiones delante de los menores, al igual que es importante intentar no involucrarles en los conflictos de adultos. En el caso de que el conflicto sea con vuestro hijo/a, es recomendable evitar los mensajes agresivos y con connotación negativa que puedan atentar contra su autoestima y empeorar la convivencia. En definitiva, COMUNICAROS. Comunicaros con vuestros hijos, con la pareja y con uno mismo. La asertividad, la empatía y la comprensión de necesidades en momentos así pueden ser potentes facilitadores de la convivencia.

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