¿Hay que establecer límites a nuestros hijos adolescentes?

¿Cómo entender entonces esta etapa que, aunque la hayamos atravesado todos, sigue siendo un período difícil en la relación entre padres e hijos?

Si eres padre o madre de un adolescente, seguro que en algún momento has pensado que la adolescencia parece no acabarse nunca. ¿Cómo entender entonces esta etapa que, aunque la hayamos atravesado todos, sigue siendo un período difícil en la relación entre padres e hijos? Aquí algunas pistas que seguro podrán ser muy útiles. Desde el punto de vista de la psicoterapia, es posible calificar el limite de la adolescencia en el momento en que una persona haya cumplido los 20 años si aún depende de las figuras paternas, siendo el caso más representativo el de los estudiantes que conviven con sus padres. En todos los casos, se considera la adolescencia como un período crítico de la vida, por lo que es común que los padres quieran que “pase” lo más rápido posible porque puede suponer un problema a las respectivas familias. Es por esto que es muy importante recordar que la adolescencia es también un período en el que pueden surgir muchas oportunidades para el desarrollo, no únicamente del propio adolescente, sino también para el de los padres. La adolescencia puede y debe ser vista como lo que también es: una etapa delicada y estimulante porque da a los padres la oportunidad de comprobar que su hijo o hija se va convirtiendo en una persona adulta. La adolescencia representa también un momento en que los adultos se cuestionan sus capacidades como padres a partir del manejo de las distintas situaciones que presentan sus hijos. De allí la pregunta que planteamos como tema de este post sobre si es necesario que continuemos estableciendo límites en lo que hacen nuestros hijos adolescentes a medida que crecen. Sobre esto, una buena idea es que los padres se autoimpongan límites a su intervención, precisamente para facilitar que los hijos se vayan haciendo mayores. Hacerlo servirá para que nuestros hijos se sientan más independientes y que descubran cosas por sí solos. Sin embargo, todos los padres de hijos adolescentes pensarán que esto no es tan fácil como suena. A menudo, los padres se quejan porque tienen la sensación de que su hijo ha cambiado. Lo que ocurre es que han olvidado que su hijo también siente que ha cambiado, lo que hace que se perciba así mismo como un extraño. Los adolescentes pueden, con mucha frecuencia, sentirse impotentes y con ganas de llorar. Frente a esto, mediante una buena comunicación, los padres pueden servir como facilitadores porque podrán explicarles los cambios de carácter que están experimentando. La tarea no es sencilla y requerirá de mucha paciencia por parte de toda la familia. En estos momentos, es común que los adolescentes se sientan de alguna forma fragmentados y por esto los padres no saben cómo tienen que comunicarse. ¿Será un buen momento, ahora, para proponerle ir al cine? ¿Estará de buen humor?…Como el adolescente se mueve entre ser una persona madura e independiente, y un ser mucho más infantil, es habitual que los padres se sientan desorientados sin saber de qué manera actuar con su hijo. Esta incertidumbre provoca en la familia la sensación extraña de tener que “coger con pinzas” a sus hijos, lo que hace que la cuestión de decir que no o establecer límites en ciertos casos, se convierta en un punto delicado, llegando incluso al punto en que muchas familias lo vivan como una cosa imposible. Otro episodio habitual es aquel en que al adolescente le invade una serie de emociones que parecen inevitables y, sobre todo, inmanejables. Esto provoca que sentimientos como la tristeza y el miedo, generen crisis y situaciones difíciles. Es justamente en estos momentos cuando será muy útil la intervención de los padres, sirviendo de contención y propiciando el entorno de apoyo necesario para sus hijos. De esta forma, los adolescentes podrán sentir el hogar como un lugar seguro y que puede ser realmente de ayuda en sus vidas. La relación que podamos construir con nuestros hijos adolescentes puede estar basada en la comprensión del momento que atraviesan, pero también en la forma de establecer guías que ayuden a los chicos a navegar esta etapa. Es aquí donde nuestra capacidad para establecer normas, de mantenernos firmes, de transmitirles lo que es adecuado y lo que no, tiene una repercusión clara en la manera que el adolescente se desarrolla a partir de una base segura. Asimismo,mostrar a nuestros hijos la visión positiva que tenemos sobre ellos, es la mejor forma para ayudarles a sentirse bien consigo mismos. Irene Soler

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