Ir al psicólogo no es cosa de locos, es cosa de valientes

Las razones por las que alguien decide visitar al psicólogo pueden resumirse en el deseo de resolver un problema concreto en sus vidas. Sin embargo, este paso no supone en ningún caso una tarea sencilla ya que lo habitual es que esto ocurra cuando la persona sienta que está pasando por un momento crítico.

Las razones por las que alguien decide visitar al psicólogo pueden resumirse en el deseo de resolver un problema concreto en su vida. Sin embargo, este paso no supone en ningún caso una tarea sencilla ya que lo habitual es que esto ocurra cuando la persona sienta que está atravesando un momento crítico. Por esta razón, lo común en la sala de espera de nuestra consulta es ver personas desgastadas y visiblemente agitadas por la situación que atraviesan, muchos de ellos con un dolor muy agudizado. En este punto, podría pensarse que alguna cosa ha servido de detonante para buscar ayuda en terapia, aunque lo más probable es que se trate de algo que arrastra una historia mucho más larga. ¿Por qué tardamos tanto en dar el paso para estar mejor? ¿Por qué dejamos que el malestar crezca y se acumulen los problemas? Las razones podrían encontrarse en un comportamiento bastante humano: buscamos rodearnos de emociones que tienen buen marketing, aquellas que evocan alegría, bienestar, seguridad, diversión, entre otras; mientras dejamos guardadas en el cajón de sastre aquellas que nos incomodan. Así, escondemos la tristeza, el miedo, la ansiedad o la inseguridad mientras esperamos que desaparezcan o que al menos no nos molesten. La mayoría de nosotros terminamos ignorando la presencia de emociones verdaderas y humanas, al tiempo que preferimos fingir y aguantar mientras pasa el temporal. Aguantar, aguantar y tirar hacia delante. El mensaje puede tener matices, pero suele ser el consejo implícito que recibe quien pasa por momentos difíciles. Así, las personas deben enfrentarse a una especie de paradoja: dar cara al problema únicamente esperando que las cosas mejoren. Hay que ser fuerte nos dicen, sin que esto implique por otro lado hacernos realmente cargo de lo que está pasando. Esta idea sugiere que intentemos obviar las alarmas internas de nuestra mente : falta de sueño, fatiga excesiva, malestar generalizado, cambios bruscos en el estado de ánimo, entre muchas otros. Todo esto debería terminar pasando…y aunque a veces lo hace, muchas otras no. Sea por lo que sea, la mayoría aguanta y realmente me sorprende mucho hasta el punto en que lo hacen. Es impresionante ver la fortaleza de las personas a la hora de afrontar sus problemas, pero no es menos cierto que esto termina pasando factura tarde o temprano. Es justamente cuando las fuerzas empiezan a flaquear cuando las personas llegan a la conclusión de que es tiempo de buscar ayuda. Es por esto que muchos de quienes acuden a la consulta lo hacen ya muy afectados, acostumbrados a soportar sus malestares hasta el punto en que la tranquilidad y la calma han pasado a ser un sentimiento de verdadero lujo. Buscar ayuda no tiene que ser ni una derrota ni un acto desesperado. Está bien parar y dejar de intentar ser fuertes todo el tiempo. Aquí está precisamente la valentía de quien es capaz de hacer caso a las alarmas tempranas para evitar así gastos o sacrificios innecesarios, ya que no pasa nada por no seguir aguantando, no hay vergüenza en dejarse ayudar. Esto es, como ya hemos dicho, realmente cosa de valientes.  Ramón Carrillo Servicios de CEPFAMI

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