La ansiedad en la familia

La familia suele ser uno de los principales apoyos cuando nos sentimos mal o ansiosos y cuando las cosas no van como deseamos. Recurrimos a nuestros familiares en busca de ayuda, comprensión y protección.

La ansiedad es uno de los motivos más frecuentes por los que las personas acuden a terapia. Es innegable la omnipresencia de la ansiedad en nuestra sociedad. Todos hemos oído hablar de ella, conocemos a varias personas que la han padecido e incluso la hemos experimentado nosotros mismos. Taquicardias, dolor en el pecho, preocupación… todos conocemos cómo suele manifestarse la ansiedad. Lo más complicado suele ser descubrir la causa de esa ansiedad, el porqué. La familia suele ser uno de los principales apoyos cuando nos sentimos mal o ansiosos y cuando las cosas no van como deseamos. Recurrimos a nuestros familiares en busca de ayuda, comprensión y protección. No obstante, en muchas ocasiones la ansiedad está relacionada con el funcionamiento familiar, viéndose así implicada la familia en el origen y/o en el mantenimiento de la ansiedad de uno de sus miembros. Para comprender esta dinámica, debemos entender la familia como un sistema. Cada miembro de la familia forma parte de un sistema al que debe adaptarse. El comportamiento de cada uno de los miembros se ve influenciado por las características del sistema familiar. Cada familiar se ve influido y responde ante el malestar o la ansiedad del miembro que la padece. Teniendo lo anterior en cuenta, puede comprenderse que modificar la dinámica familiar contribuye a la producción de cambios en los miembros y en los síntomas que presentan, uno de los cuales puede ser la ansiedad. Entonces, ¿en qué tipo de familias suele ser más frecuente la aparición de ansiedad? Por un lado, nos encontramos con las familias “desligadas”. En este tipo de familias, los miembros tienen un bajo contacto entre sí y suelen ser bastante independientes, pero por contra también suelen estar aislados. Existe una notable falta de afecto y apoyo y los conflictos suelen evitarse cortando el contacto. En el otro extremo están las familias “aglutinadas”. Estas familias se caracterizan por la excesiva cercanía entre los miembros, de manera que no hay independencia ni autonomía y suelen confundirse los roles familiares. Además, suelen evitarse los conflictos también, pero a diferencia de la familias desligadas, los conflictos suelen negarse y eludirse. Ambos tipos de familias poseen un patrón bastante rígido de interacción entre los miembros, de manera que no consiguen adaptarse bien a los cambios (el nacimiento de un hijo, la pérdida de un empleo, etc.). Por último, mencionar las familias “sobreprotectoras”. La sobreprotección se refiere al cuidado excesivo y a la hipersensibilidad de los miembros de la familia a los problemas del otro. Esta dinámica suele generar sentimientos de inutilidad y dependencia, además de miedo, inseguridad y ansiedad. Considerando todo lo anterior, no es de extrañar que este tipo de dinámicas familiares sean generadoras potenciales de ansiedad y de otros síntomas en los miembros. Por ello, el objetivo de la terapia familiar es transformar o reestructurar el sistema familiar de tal modo que cambie la forma en que los miembros se relacionan entre sí. Normalmente, lo que la familia espera es que la terapia se focalice en la persona que sufre ansiedad, sin embargo, el objetivo de la terapia es ayudar a la familia a cambiar de tal forma que los individuos cambien. Vanesa Castellanos

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