La educación de los hijos

Cuando en consulta me preguntan, cuál es la manera adecuada para educar a los hijos, la mayoría de las veces respondo: la que mejor se adecue a la historia de vuestra pareja.

Cuando en consulta me preguntan cuál es la manera adecuada para educar a los hijos, la mayoría de las veces respondo: la que mejor se adecue a la historia de vuestra pareja. ¿Qué quiere decir esto? Pues que la pareja tiene mucho que ver en cómo se construye la capacidad de ser padres. Desde la perspectiva sistémica, trabajamos con la idea de “dividir” a la familia para poder entender la forma en que sus partes interactúan. Este ejercicio, suele confirmar que la dinámica de la pareja, es decir la forma en la que se relaciona, interviene mucho en la parentalidad y viceversa.  La forma en la que la pareja se relaciona, y sobre todo, la manera en la que construye sus cimientos, determinará muchas cosas cuando llegue el momento de asumir el papel de padres. ¿Qué tipo de valores buscarán transmitir? ¿Qué tipo de educación encajará con sus ideales? ¿Qué rol concreto asumirá cada uno de los miembros de la pareja en este sentido? Todas las respuestas tendrán obviamente que ver con las personas que dependen de esa relación de pareja. Es muy importante que esta negociación se dé previamente al interior de la pareja con el fin de evitar que lleguen al niño o la niña mensajes contradictorios o ambivalentes. Es clave que se intente que los mensajes lleguen al unísono, ya que de lo contrario será muy difícil para el niño diferenciar y regular sus emociones. Aunque parezca obvio, el manejo de las disyuntivas es una tarea compleja para un niño (al igual que lo es para un adulto), razón más que suficiente para reforzar esta mirada al interior de la pareja. Un ejemplo: los padres pueden encontrarse en el dilema de decidir si la educación de los hijos debe ser o no religiosa en caso de que esto sea un aspecto importante para uno de los dos. Este será un momento para poner a prueba la capacidad de llegar a un acuerdo y, especialmente, de mantener el foco sobre el problema real. Si la pareja está lastimada y la trayectoria para conocerse fue escasa, es probable que lo que debería haber sido una negociación saludable, termine siendo una discusión sobre lealtades con la familia extendida o con asuntos que poco tienen que ver con una decisión que concierne a la familia nuclear, como es precisamente la educación. El resultado: un niño o niña probablemente confundidos por esta discusión, y sintiéndose parte de un bucle en el que la angustia se demuestra mediante comportamientos extraños. Cuando esto pasa, los padres suelen llegar a la consulta poniendo sobre la mesa los problemas del niño pero se olvidan siempre de los propios. La educación de los niños no consiste únicamente en el ejercicio de transmitir unos conocimientos concretos, sino que debería servir como un espacio que resalte la experiencia del aprendizaje en sí misma. Esto se logra promoviendo un escenario pleno en amor (traducido en protección, reconocimiento y ayuda permanente), y es aquí donde se puede ver la influencia de los padres en la educación. Esta es quizás, las mejor forma de incidir positivamente en los hijos. J. Ramón Carrillo

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