La familia durante la terapia

Acudir al psicólogo en familia es una experiencia que debe ser comprendida desde varios puntos de vista, pero sobre todo, desde la diferencia que conlleva hacer una terapia de manera individual.

Acudir al psicólogo en familia es una experiencia que debe ser comprendida desde varios puntos de vista, pero sobre todo, desde la diferencia que conlleva hacer una terapia de manera individual. Así, cuando una familia entra en consulta, todos sus miembros comienzan un viaje individual, entendido como su propio proceso de cambio. No obstante, la forma en la que se inicia este proceso puede variar cuando se cuenta con la mirada de la familia. Si una persona empieza sola la terapia, es probable que, ante la ausencia de la mirada del otro, las reflexiones sean algo más estáticas y, por ende, las conclusiones tarden en aflorar y profundizarse. Si partimos de la premisa de que es mejor que el mensaje interior se procese, salga y vuelva transformado a nuestro interior, es claro que la interacción con el resto de miembros de la familia, así como su mirada, pueden facilitar la comprensión sobre uno mismo. Es así que al empezar la consulta, los miembros de la familia empiezan por dar su punto de vista acerca de las razones por las que acuden a la terapia. Cuando esto ocurre, es curioso observar que todos terminan por extrañarse al escuchar las diferentes opiniones ya que no sabían “realmente” lo que pensaba o sentía un hijo, un padre o un hermano. Es aquí donde está el plus de una terapia en familia: salir del contexto individual ayuda y permite a que todos los miembros puedan tomar perspectiva de las cosas que viven. Salir del circuito, muchas veces saturado ya de problemas, posibilita hablar más fácilmente sobre lo que sucede. Ante esto, la familia empieza a escucharse con el interés que tiene oír algo nuevo por primera vez. A partir de ese momento, la terapia familiar toma un rumbo distinto ya que los participantes asumen la condición de espacio terapéutico para todos. La terapia es entonces el lugar en el que las emociones pueden transitar más fácilmente y en donde se trabaja para reformular los malestares de la familia. Esto es clave porque se logra separar el problema de las personas, algo que no es posible cuando se mantiene el discurso saturado y repetitivo que no distingue nada más que la confrontación. Este punto es importante ya que es común que antes de iniciar la terapia, se identifique a uno, o más, miembros de la familia como “problemáticos”, es decir como fuentes del problema. Sin embargo, al evitar señalar a alguien en concreto y al contar con la participación de toda la familia, se hace palpable la voluntad de encontrar soluciones desde el reconocimiento de que la familia, en su conjunto, actúa para protegerse. Todos están afectados, ya que lo que afecta a uno, incide en el resto en todos los sentidos. Cuando la familia siente que las emociones son comprendidas, cuando el rencor o la rabia se han disipado y cuando fluye la comprensión, es gracias a que los problemas han sido redefinidos por todos. Es entonces cuando se dan los primeros avances hacia el cambio, ya que es posible mejorar el conocimiento personal de cada miembro de la familia, lo que a su vez permite que esas personas asuman su individualidad por fuera de los problemas de la familia. Es por esto que la terapia familiar termina convirtiéndose en una terapia individual: si un miembro de la familia sufría de ansiedad o depresión, la terapia familiar le ayudará a resolver esto de manera más fácil y efectiva. Aquí se ven claramente los beneficios del trabajo en equipo y de enfrentar los problemas con la fortaleza que da la unión familiar. Para terminar, un inciso sobre la definición de la familia: entendemos que no se trata únicamente de una unidad establecida por los vínculos de sangre. El término familiar también se refiere a aquello que nos resulta conocido e íntimo. A partir de esta definición, todo trabajo familiar es también un trabajo con el grupo de personas más importante para un individuo. La familia se entiende por tanto como espejo donde nos reconocemos y donde interactuamos desde las emociones. J. Ramón Carrillo

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