Las claves para ser más resiliente

Todas las personas atravesamos momentos difíciles y dolorosos a lo largo de nuestra vida: pérdidas, conflictos, rupturas amorosas y situaciones complicadas. La resiliencia es la fuerza interna que nos hace sobreponernos y recuperarnos.

Imagina una esponja. Imagina que aplicas presión sobre ella, la estrujas entre tus manos y la pisas. Imagina que colocas un objeto grande y pesado encima de ella. Después de todas estas acciones, la esponja volverá a su estado anterior y recuperará su forma sin sufrir rotura o deformación alguna. Así como la esponja posee esta característica, el ser humano está dotado de la capacidad de recuperarse de las adversidades de la vida y de salir fortalecido de ellas, lo que se conoce en psicología como “resiliencia”.  Todas las personas atravesamos momentos difíciles y dolorosos a lo largo de nuestra vida: pérdidas, conflictos, rupturas amorosas y situaciones complicadas. La resiliencia es la fuerza interna que nos hace sobreponernos y recuperarnos. Tras un golpe duro, una persona resiliente es capaz de reponerse, aprender de lo ocurrido y adaptarse al cambio con éxito. No sucumbe a la tristeza y a la depresión, sino que afronta la situación de forma activa y constructiva. Todo esto no quiere decir que no sienta dolor y que no sufra, sino que es capaz de darle un sentido y de utilizarlo a su favor.  Quizá te preguntes: ¿la resiliencia es una característica innata o se puede aprender? Afortunadamente, la resiliencia es una cualidad que podemos desarrollar a lo largo de nuestra vida. ¿Quieres saber cómo?  La práctica de los siguientes hábitos o rutinas potenciará tu resiliencia: 
­  Conócete. El autoconocimiento es el recurso más potente para afrontar las dificultades de la vida. Ser conscientes de nuestros puntos fuertes y de nuestras limitaciones nos ayudará a superar los obstáculos de forma más segura y eficiente y aumentará nuestra sensación de control.
­  ¿Fracaso o aprendizaje? Las personas resilientes enfocan las crisis y las dificultades como oportunidades para aprender y para crecer. No se derrumban ante las situaciones dolorosas ni se quedan estancados, sino que logran salir más fortalecidos de ellas.
Ante la duda, optimismo. E s imposible predecir lo que ocurrirá en el futuro. Nos guste o no, vivimos rodeados de incertidumbre. La actitud que asumimos ante la duda y la inseguridad y con la que encaramos el futuro es fundamental para nuestro bienestar. La esperanza, definida como la confianza en que ocurrirá o se logrará lo que se desea, es una cualidad esencial que te hará más resiliente.
Sé flexible. Nuestra capacidad de control es limitada, lo que quiere decir que no podemos controlarlo todo. Ante esta falta de control, ceder un espacio a la duda nos hará más flexibles. Nuestra vida es dinámica y está en constante cambio, por lo tanto, la flexibilidad aumentará tu tolerancia a las eventualidades y te permitirá adaptarte mejor a los cambios.
No te aisles. Los humanos somos seres sociales y necesitamos al otro para sobrevivir. El hecho de disponer de una red de apoyo te ayudará a sobrellevar las dificultades y a reponerte más pronto. No dudes en pedir ayuda cuando lo necesites.
Humor ante todo. El sentido del humor es uno de los mejores ansiolíticos que existen. La capacidad de afrontar las tesituras de la vida con humor y de reírse de uno mismo te ayudará a relativizar los problemas y te aportará una enorme tranquilidad.
Frente a las dificultades de la vida, la resiliencia es nuestra arma más poderosa y podemos desarrollarla y potenciarla a lo largo de nuestra vida. Ahora sólo queda poner en práctica estos hábitos.  ¡Manos a la obra!  Vanesa Castellanos 

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