Migrar por amor: el reto de las parejas mixtas

Muchos autores consideran ya a las parejas mixtas como verdaderos espacios de construcción cultural. Cada vez veremos más parejas de este tipo en nuestros barrios y círculos sociales.

Os presento a la siguiente pareja: “Aratani, una mujer de 35 años nacida en Japón, y Marcos, un hombre de 34 años nacido en Barcelona. Aratani y Marcos se conocieron en Tokio, cuando él realizaba unas prácticas de su grado en Turismo en un conocido hotel de la capital. Marcos quedó fascinado por la intensidad de esa urbe, pero sobre todo, se enamoró profundamente de Aratani. Parecía que su historia de amor tenía fecha de caducidad, pero la pareja sorprendió a todos al decidir emprender un nuevo proyecto personal y profesional en Barcelona. Así, con las maletas y los sueños a cuestas, Aratani dejó atrás su vida y llegaron los dos directos desde Tokio para instalarse en un piso en la periferia de la capital catalana”. Los protagonistas de esta historia de amor forman lo que se llama una pareja mixta o binacional. Debido a la progresiva globalización, nuestras ciudades se han convertido en espacios de encuentro para parejas de este tipo, provocando nuevos estilos de vida y familias en las que conviven varias culturas. Las parejas binacionales son aquellas formadas por dos miembros de nacionalidad diferente, y a menudo son uniones en las que uno de los dos ha migrado al país del otro para formar un proyecto conyugal común. Las personas que migran por “amor”, lo hacen motivadas por razones sentimentales, por lo que podríamos diferenciar este tipo de migración de la que se realiza por razones puramente profesionales o económicas. En las parejas binacionales existe el desafío de crear relaciones interculturales a partir de las diferencias y las semejanzas entre sus miembros. En este sentido, las diferencias no son en sí negativas, ni las semejanzas son siempre fortalezas, es sobre todo la manera de gestionarlas lo que genera una buena o una mala relación. Ahora imaginemos… “Marcos y Aratani llevan un año en Barcelona. Al principio todo parecía idílico, pero parece que Aratani empieza a echar mucho de menos a su familia y amigos, y a veces, sin querer, se lo reprocha un poco a Marcos. Aratani tiene un título universitario de profesora de inglés, pero le está costando mucho sacarse la homologación para poder dar clases en España, sin hablar de las gestiones burocráticas que tiene que hacer para poder obtener los papeles de la residencia. Mientras, trabaja dando clases particulares pero no gana mucho. A veces tiene la impresión de depender de Marcos a nivel económico, ella que siempre fue tan independiente… Antes de venir, ella estuvo estudiando castellano, pero se da cuenta de que no es fácil integrarse y a menudo cuando están con los amigos de su pareja le cuesta seguir las conversaciones e interactuar con los demás. También están las costumbres, que son muy diferentes en Japón, así como la comida, la política, el clima…”. Aratani y Marcos forman ahora una unidad familiar compleja en la se tienen que negociar múltiples aspectos, realizar adaptaciones mutuas, y en la que a veces pueden aparecer los llamados conflictos interculturales. No parece pues que todo sea tan fácil… Ya lo dicen que a veces, con el amor no basta. El modelo sistémico transcultural nos aporta pistas de intervención en los conflictos como los que enfrentan nuestra pareja hispano-japonesa. ¿Cómo podríamos ayudarlos en el contexto de una terapia? ¿Qué áreas se pueden explorar?
  • Dependencia
Cuando un migrante se incorpora en la cultura de su pareja por razones conyugales, se puede establecer una relación de dependencia, ya que el acoge es el que proporciona recursos sociales (amistades), o económicos, por ejemplo la vivienda o un trabajo. Esto puede generar cierta culpabilidad en el que acoge o incluso que se sienta en deuda respecto al otro, generando una asimetría conflictiva en la pareja y una dependencia social y económica.
•La familia de origen y la familia de acogida
Uno de los retos que debe enfrentar la pareja mixta es la separación de la familia de origen del que deja su país. A veces, despedirse no es fácil y es necesario realizar un duelo para poder elaborar la separación. Por otra parte, las relaciones con la familia de acogida pueden facilitar (o no) la transición. A veces aparecen actitudes de rechazo motivadas por estereotipos culturales o prejuicios.
  • La negociación cultural
Las creencias y modos de vida difieren mucho de un país a otro. Por ejemplo, los roles de género en la cultura japonesa son muy diferentes de los la cultura latina. Así, los rituales y los hábitos de la vida cotidiana entre los miembros de la pareja pueden entrar en conflicto, por ejemplo al respecto del reparto en las tareas domésticas.
  • Comunicación
La comunicación en la pareja mixta puede complicarse por cuestiones de idioma, y también por la diferencia de estilos comunicativos. Incluso la expresión de afectos, pensamientos o emociones puede crear confusión y malentendidos. Muchos autores consideran ya a las parejas mixtas como verdaderos espacios de construcción cultural. Cada vez veremos más parejas de este tipo en nuestros barrios y círculos sociales. Como hemos visto, la formación de una pareja mixta conlleva múltiples desafíos, principalmente, el de poder integrar dos mundos tan diferentes entre sí. Hacer de las diferencias nuestras fortalezas puede ser un trabajo duro, y la terapia desde el modelo sistémico puede ayudar a las parejas que enfrentan desafíos culturales a consolidar su proyecto conyugal para mejorar la adaptación y la calidad de vida.      Lena Massó

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