“Papá, Mama: Yo no me divorcio.”

“Ya no aguanto más. Quiero el divorcio

Detrás de esta frase se esconden seguramente muchos momentos de dolor. Discusiones constantes, descalificaciones mutuas, malas caras… En algún momento se perdió el amor, y aquello que un día unió a dos personas para la creación de un proyecto común, ahora ya no existe.  ¿Y entonces? Separarse y tomar nuevos caminos, se convierte en la fórmula que parece dar salida a esa situación. Con ello se acaban las discusiones, las malas contestaciones, el dolor… recuperas la libertad que añorabas y te permites de nuevo volver a comenzar.  Pero, ¿qué pasa con tus hijos? Los padres son el mundo para sus hijos, son su fuente de amor incondicional, de seguridad. Y ¿Que puede pasar cuando esa fuente de amor se separa? ¿Qué crees que puede sentir tu hijo o hija al pensar que pierde a uno de sus padres? Naturalmente, un proceso de separación o divorcio no tiene porqué implicar la pérdida de uno de los dos progenitores, así como tampoco la pérdida de amor o cuidado hacia vuestro hijo. Pero una cosa es lo que nosotros como adultos sabemos (o esperamos) que vaya a suceder, y otra muy distinta es lo que el niño o niña crea. Es posible que en su cabeza, ya haya perdido a uno de sus padres; por lo que pueden desencadenante en él toda una serie de reacciones propias de un proceso de duelo o pérdida de un ser querido.  Te invito a que pienses en algún momento en el que hayas tenido que pasar por el dolor de perder a un familiar o a un ser importante para ti. Seguramente reaccionaste con tristeza,, irritabilidad, cambios de humor, no podrías dormir, sentías desánimo… reacciones muy similares a las que seguramente puedan estar viviendo tus hijos; con el añadido, de que los niños pueden no tener todavía desarrollada la fortaleza emocional necesaria para gestionar todo ello.  La separación por tanto, sí afectará a tus hijos; pero el grado o la intensidad de esa afectación, dependerá de la capacidad de manejo que como padres tengamos, antes, durante y después del proceso de separación.   ¿Cómo salvaguardarlos? En este sentido, es importante tener presente que es responsabilidad del padre y de la madre organizar las relaciones familiares, donde la decisión de separarse es únicamente de ellos. Tener claro que los hijos y las hijas no se divorcian.   Lo que buscamos es proteger a nuestros hijos de tener que tomar parte en una toma de decisiones que no les pertoca. Nuestro objetivo será asegurar que realmente el divorcio no va a suponer un cambio o pérdida de las relaciones familiares; que este hecho es independiente de la estructura familiar. Es decir, separados o no, seguirán teniendo un padre y una madre que les proporcionarán cariño, atención, cuidados y protección. Para ello, será importante garantizar que el niño o niña disponga de tiempo suficiente y de calidad, con cada uno de los progenitores.  Otro aspecto fundamental es respetar que los hijos tienen derecho a recibir una imagen del padre y de la madre limpia y libre de condicionantes. Esto responde a la idea de que la figura del padre y de la madre es un aspecto fundamental en el desarrollo personal del menor. Los conflictos que como adulto pueda tener con mi cónyuge, no deben pasar a contaminar la imagen que mi hijo tenga de su padre o madre.  Finalmente, comunícate con tu hijo. Hazle saber de una forma empática, cariñosa y clara, (siempre adaptada a la capacidad de comprensión del niño o niña) lo que está sucediendo. No explicar con suficiente claridad lo que pasa, puede llevar a que el niño asuma que es él el culpable de la ruptura. Atribuir culpables no ayudará a tu hijo. Piensa que necesita seguir teniendo un padre y una madre de referencia a los que poder acudir, que no duden en expresarle su afecto, y que sean capaces de explicarle, de forma conjunta y con suficiente tranquilidad, cómo han pensado organizar su vida a partir de ese momento.  Es importante tener presente que la decisión tomada busque siempre el bienestar para todos los miembros de la familia. Sabemos que un proceso de separación y divorcio constituye una decisión compleja, que afecta a la vida de todos, que modifica sus formas de hacer, y ante la que es bueno en ocasiones, dejarse ayudar. Recuerda que aunque los adultos como pareja hayan dejado de amarse o hayan llegado a un punto de no entendimiento; como padres, nunca dejarán de querer a sus hijos. Mónica Pinzón monicapinzon.es

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