¿Qué quieres ser de mayor?

Seguro que esta es una de las preguntas que nos han hecho en más de una ocasión en nuestra infancia, algo que también habremos preguntado a más de un niño o niña.

Seguro que esta es una de las preguntas que nos han hecho en más de una ocasión en nuestra infancia, algo que también habremos preguntado a más de un niño o niña. La respuesta siempre llega acompañada de unos ojos de ilusión y confianza, convencidos de que aquello que quieren es lo que conseguirán. Pero, ¿por qué no todos somos lo que deseábamos? Cuando reflexionamos sobre los motivos que nos han desviado de nuestros sueños y aspiraciones, a menudo pensamos en factores externos a nosotros como los culpables de que se frustraran. “Me falta talento o habilidad”. Somos conscientes de que hay personas con una facilidad más o menos innata en aquello que hacen y que provocan la sensación en el observador que todo lo que hacen les resulta facilísimo. Esto hasta el punto en que podemos llegar a creer que para la mayoría de nosotros será imposible. Pensemos en Messi por ejemplo. Un genio del fútbol que sin duda habrá entrenado horas y horas para llegar a ser quien es. Como él hay y habrán pocos a lo largo de la historia, pero ¿cuántos jugadores buenísimos hay en todo el mundo en infinidad de campos y categorías, que con su esfuerzo y trabajo diario se dedican a su pasión? “No he tenido suerte”. ¿Realmente existe la buena suerte o es una consecuencia de lo que nosotros hacemos por buscarla? Claro que hay factores azarosos que condicionan nuestra vida y, seguro habremos experimentado aquello de estar en el sitio justo en el momento adecuado como casi mágico. Pero, si estábamos en ese lugar es porque nosotros decidimos ir ¿no es así? “La situación actual es complicada y dificulta mis aspiraciones”. Sabemos que la crisis actual está complicando en desarrollo profesional de muchas personas pero ¿por qué hay quienes sí lo consiguen? Tal vez la respuesta resida en mirar hacia adentro y valorar todo lo que depende de nosotros mismos para cumplir nuestras aspiraciones. Claro que el recorrido no será fácil y requiere de nuestro esfuerzo. Incluso en ocasiones, podemos precisar de la mirada y perspectiva objetiva de un observador externo que nos sirva como faro, ya que cuando nos damos cuenta de esto, nos cuesta encontrar el camino al que queremos llegar y las herramientas que nos hacen falta para construirlo. Llegado este punto, seremos conscientes de todo lo que somos capaces y podemos llegar a conseguir tan solo valorándonos más y siendo conscientes que cualquier cambio empieza en uno mismo.                                                                                                               Al dejar de ser niños y niñas nos despojamos de ese pensamiento mágico de omnipotencia que nos dota de optimismo y seguridad en nosotros mismos. La buena noticia es que lo cambiamos por infinidad de habilidades y recursos que la experiencia nos va regalando, muchos de los cuales no conocemos por falta de seguridad y confianza, aquella con la que decíamos eso de “Yo de mayor quiero ser…”. Rebeca Cobas

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