Si la sociedad no hubiera discriminado a Arthur, ¿habría nacido el Joker?

Es necesaria una autocrítica como sociedad sobre el papel jugado en la estigmatización a los grupos minoritarios, en concreto, a las personas con una enfermedad mental (Spoilers más abajo)

Un payaso de aspecto descuidado y sonrisa artificial se prepara para salir a la calle y atraer a nuevo público para su espectáculo. Mientras sostiene un cartel amarillo en sus manos con el que invita a la gente a ver la función, aparecen cinco jóvenes que le arrancan el cartel. Jóvenes y payaso corren por las calles ante una multitud de personas cómplices que no se asombran por lo ocurrido. Cuando finalmente el payaso logra encontrarlos en una callejuela, los jóvenes le dan una paliza que le deja tirado en el suelo entre los escombros. Una imagen sobrecogedora que te impregna de tristeza y cólera por la injusticia. La vida del payaso llamado Arthur Fleck prende de un hilo. Con frecuencia realiza un arduo trabajo para salir de su mundo interno desgarrado, afligido y trágicamente oscuro, y conectar con la máscara cómica de sonrisa forzada que muestra al mundo para lograr ser aceptado y pertenecer a algún lugar. Arthur, es un hombre que vive en un barrio marginal con su madre, la única persona con quien mantiene un vínculo y quien siempre le ha dicho que su propósito en esta vida era traer risas y alegría al mundo. Hasta el punto, en que Arthur hace de ese personaje su modus vivendi, convirtiéndose en un payaso para ganarse la vida. En su vida diaria, recibe burlas y acoso frecuentemente. Su sueño de ser cómico queda hecho pedazos tras la humillación pública de su presentador favorito. Además, está sobremedicado y recibe asistencia de una trabajadora social que apenas le escucha. La bomba de relojería estalla cuando le echan del trabajo, el gobierno retira los fondos que financiaban su medicación y conoce que su madre no es quien dice ser. Además, se revela un abuso sexual por parte de la expareja de su madre cuando apenas era un niño. En ese momento, la identidad de Arthur se rompe por completo y acaba estallando en el Joker. Un personaje construido a través memorias traumáticas enquistadas y una ruptura con la propia realidad insostenible. El Joker, nace en un momento en que Arthur ya no puede sostener tanto sufrimiento y rechazo, y decide devolverle al mundo toda la violencia y crueldad que Arthur ha recibido. Arthur, muestra la cara más vulnerable y herida pues en él, reside un niño malherido que solo busca ser amado y reconocido. Mientras que el Joker, refleja la cara más antisocial, violenta y combativa, que, a su vez, se ve reforzada socialmente. Puesto que personaliza a todas aquellas personas excluidas por la sociedad y genera un movimiento social de gente pobre y marginada que, como él, han estado estigmatizadas y discriminadas. En el caso de Arthur, no solo se le margina por su situación socioeconómica y cultural, sino también por tener una enfermedad mental. Mientras que, al mismo tiempo, se espera que se comporte como si no la tuviera y actúe enmascarando su verdadero ser, sin lograr comprender cómo alguien puede tener un funcionamiento tan distinto. El psicólogo y filósofo Michel Foucault (Foucault, 2007), habla de ello cuando explica que el biopoder o poder sobre la vida, se puede ejercer a través de la normalización. Es decir, con el objetivo de regular a una sociedad, se realiza una distinción entre aquello que es normal y aquello que no. A su vez, lo anormal o patológico se medicaliza y se instruye para que sea normal. Si la sociedad no hubiera discriminado a Arthur, ¿habría nacido el Joker? Si bien es cierto que la historia traumática de Arthur se inicia desde etapas muy tempranas, y por tanto existe una estructura cerebral más vulnerable y proclive a enfermar, parece que el precio pagado por ser distinto es muy alto. La sociedad acaba enfermando al individuo, pues no solo le niega una parte de sí mismo para encajar dentro de un patrón normativo, sino que además le discrimina, le humilla y le aísla, contribuyendo a la creación de un personaje realmente peligroso para la misma. En este punto, es complicado no preguntarse quién está más enfermo. En consecuencia, se refleja cómo la sociedad trata a las personas con una enfermedad mental y como el propio sistema público de salud mental acompaña y da soporte a estas mismas. Pues se niega una atención psicológica adecuada y se sobremedicaliza sin importar realmente la persona, sino más bien unos intereses externos a ella. Es necesaria una autocrítica como sociedad sobre el papel jugado en la estigmatización a los grupos minoritarios, en concreto, a las personas con una enfermedad mental. Asimismo, se precisa de un mayor conocimiento e información a la población general sobre la realidad de las personas con una patología. De este modo, se logrará una mayor inclusión social. Cuando se discrimina a una persona o colectivo, se reafirma la propia identidad, lo que conlleva una mayor distancia entre ambos. Con todo ello, se pierde la oportunidad de tomar consciencia de todo lo que nos une. Wanda Vegara Simón
REFERENCIAS:
Foucault, M. (2007). Historia de la sexualidad vol. I. La voluntad de saber. México: siglo XXI.

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