Sobre decisiones y prioridades: por qué nuestra salud mental debe estar primero

Cada vez que tomamos una decisión entran en juego aspectos que evaluamos de manera distinta según la prioridad que damos a cada situación. Esto también sirve para cuando se trata de decisiones sobre nuestra salud, como puede ser decidir aplazar la visita a un especialista o al psicólogo.

Cada vez que tomamos una decisión entran en juego aspectos que evaluamos de manera distinta según la prioridad que damos a cada situación. Esto también sirve para cuando se trata de decisiones sobre nuestra salud, como puede ser decidir aplazar la visita a un especialista o al psicólogo. En este sentido, aunque las razones para justificar esta decisión pueden ser muy variadas suelen tener un denominador común: la idea de que nuestra salud puede esperar. Es muy importante que nos detengamos en esta afirmación ya que en la práctica, los profesionales observamos que las personas que llegan a nuestra consulta lo hacen después de acumular un desgaste tremendo, luego de haber batallado con sus problemas hasta el punto en que buscan una atención de urgencias. El discurso con el que llegan estas personas a nuestras consultas suele ser el de “estoy muy mal, no sé que hacer, me podría decir qué hacer”,  todo ello muy válido frente a lo que están pasando, pero muy lejos de lo que se debería ser realmente una ayuda terapéutica. Para entender el porqué de esta imagen, reconocemos que las personas llegan a la consulta a raíz de situaciones muy difíciles, que si bien no siempre son tan crónicas, están a punto de llegar a niveles en los que es complicado recuperarse. Creo que esto se de debe a que culturalmente se refuerza mucho la idea de aguantar, de no hacer caso a los malestares internos, de tirar para adelante, disimular y mostrar que de alguna manera todo está controlado. En el fondo, muchas personas son incapaces de reconocer por lo que están pasando, lo que hace que sus esfuerzos estén depositados en intentos improductivos de solución ya que el aguantar y el no mirar hacia  donde más se teme hace que el desgaste sea muy grande y, sobre todo, doloroso. En realidad, el mensaje de aguantar y tirar puede hacer más daño del que imaginamos pues las instituciones y las empresas asumen ese mandato como normal y lo aplican de manera indiscriminada. El no poder rendir lo mismo porque se está pasando mal por tristeza, por alguna perdida, por un cambio vital, por dudas existenciales, entre otros; parecerían todos motivos insuficientes para parar y buscar recursos para la recuperación. Por el contrario, la sociedad parecería reforzar la idea de que aquel que aguanta y que es “fuerte” es el que sirve. Esa actitud acaba siendo muy peligrosa pues desactiva alarmas internas muy importantes, alarmas que sirven para detectar y actuar precisamente contra los malestares que nos aquejan. Es como si el cuerpo mandase señales de que no se puede más y la mente responde con la idea totalmente contraria. Es en esta contradicción donde las crisis agudizan los problemas. La realidad es que estamos inmersos en una sociedad que difícilmente ve las dificultades como periodos de reflexión o de recuperación. Más bien todo lo contrario: las dificultades, principalmente las referidas al ámbito mental y anímico, suelen ser subestimadas, ya sea porque son menos cuantificables u observables, o porque la relación veo-hago es más compleja ya que supone un esfuerzo de abstracción más grande. Esta es una de las razones por las que es clave reconocer que la solución inmediata no siempre es la mejor, aunque se tenga la idea de que es posible acabar con la tristeza o con la angustia de manera rápida e indolora. Un sistema que vende el cambio como automático y sin sacrificio, hace que la compresión de uno mismo, del cuerpo y de la mente estén lamentablemente sesgadas. Es por eso que ante una situación difícil, en la que se haya sufrido y que se considere que no se tienen los recursos para superarlo o si se pone en duda la recuperación, es justamente en donde habría que revisar nuestras prioridades y preguntarse qué es lo importante: qué es lo que te puedes permitir a ti mismo, qué sería lo que a largo plazo te podrá ayudar…Y en mi opinión, ni aguantar ni tirar hacia adelante es siempre la mejor opción. Pide ayuda y tómate el tiempo que tu cuerpo y tu mente necesiten para recuperarse y salir adelante. No forcemos la máquina ya que al final solo tenemos un cuerpo y una mente muy cambiante, dispuesta a aprender lo que haga falta para estar mejor. Decide por ti, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy por ti. J. Ramón Carrillo

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