Violencia en familia: cuando los hijos adolescentes son violentos con los padres

Frente a estas conductas, los padres pueden llegar a sentirse profundamente afectados. Los sentimientos de culpa, la vergüenza y la búsqueda de un presunto culpable dentro de la familia suelen paralizar y confundir, evitando así la búsqueda de una ayuda externa cada vez más urgente.

Entre las diferentes expresiones con las que se pueden manifestar los comportamientos violentos en la adolescencia, una forma bastante grave y escondida, es lo que ocurre entre padres e hijos. Se trata de una forma de violencia que se expresa en el ámbito doméstico y que se caracteriza por agresiones verbales y/o físicas hacia los padres. Cuando un hijo toma el control, el progenitor, en tanto que guía, entra una situación muy incómoda. El pulso y el desafía continuo pueden llevar a la inversión de los roles: los hijos se convierten en los “patrones” de casa. Estamos por tanto frente a un hijo “tirano”, un hijo que insulta, descalifica, ofende, manipula y que incluso es capaz de agredir a sus padres. En general, el objeto de la violencia es el progenitor más débil, muy a menudo la madres, que no sabe cómo reaccionar y defenderse. Frente a estas conductas, los padres pueden llegar a sentirse profundamente afectados. Los sentimientos de culpa, la vergüenza y la búsqueda de un presunto culpable dentro de la familia suelen paralizar y confundir, evitando así la búsqueda de una ayuda externa cada vez más urgente. Así, cuando un padre es víctima de agresiones por parte de su su hijo, la pregunta recurrente es “¿En qué me he equivocado?” cuando en realidad, lo que debería preguntarse es “¿Qué puedo hacer al respecto?”. A diferencia de lo que se piensa, la relación de violencia no coincide con la ausencia de vínculos entre las personas involucradas. Al contrario, la violencia se manifiesta allí donde la necesidad de relacionarse es más fuerte. Esto puede pasar aunque esta necesidad se exprese de forma destructiva. En las familias que son víctimas de violencia, el vínculo emocional existe y es intenso, pero es un vínculo que conlleva mucho sufrimiento. Por lo tanto, poder sanar estas relaciones violentas, permite recuperar esos vínculos que son igualmente significativos y necesarios. El “hijo tirano” es poderosos solo en la apariencia, porque de hecho está expresando, a través de su ira, un sufrimiento muy grande. Haciéndose el duro, el “fuerte” queda a la merced queda a la merced de sí mismo, sin que nadie lo proteja de su propia agresividad. Después del episodio violento, se siente un mal hijo y teme no merecer el amor de los padres. Sin embargo, detrás de la máscara de violencia, hay un niño o niña que llora y que sufre, que al crecer evidencia su malestar y sus estrategias de supervivencia. Lamentablemente, no siempre es fácil dar con esta faceta por parte de quien ejerce la violencia.  La terapia familiar, junto con la terapia individual, es un buen recurso para poder conocer cuál es el sufrimiento de este niño y cómo ha podido sobrevivir. A nivel individual, es muy importante poder ayudar al adolescente a desarrollar estrategias que sean más eficaces a la hora de relacionarse con el exterior. Trabajar con la familia y conocer las historias de estos padres, permite entender y comprender el funcionamiento familiar, al tiempo que pone en marcha relaciones más funcionales y trasforma el sufrimiento de la familia en fuerza creativa. Es por esto que siempre pensamos que los padres son los mejores terapeutas de los hijos. Nicoletta Roncalli 

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