¿Puede ayudar la terapia familiar cuando un miembro de la familia tiene una enfermedad?

Si se entiende esa enfermedad como un evento estresante que pone en riesgo el equilibrio de la familia, es lógico que cada integrante se ponga en marcha para recuperar la estabilidad que antes se tenía.

Recibir el diagnóstico de una enfermedad produce un impacto no solo en la vida de la persona afectada, sino también en la de los miembros de la familia. La llegada de dicha enfermedad no es un acontecimiento que se espera, por lo que tanto la persona como su familia pueden responder con un shockemocional inicial y experimentar distintas emociones como miedo, ira, impotencia, tristeza, ansiedad, incertidumbre por el futuro, entre otras. Si se entiende esa enfermedad como un evento estresante que pone en riesgo el equilibrio de la familia, es lógico que cada integrante se ponga en marcha para recuperar la estabilidad que antes se tenía. De hecho, los cambios que se producen en el sistema familiar en relación con la enfermedad pueden ser muy diferentes puesto que cada familia tiene sus propias características.  Además, en este contexto de malestar y reorganización, la familia puede encontrarse con otros problemas que antes del diagnóstico no estaban: problemas económicos, dificultades en la negociación de quién va a cuidar al familiar, discusiones y problemas entre miembros de la familia, etc. Por norma general, el individuo y la familia son informados por el profesional correspondiente sobre la enfermedad, su tratamiento, los cambios que se producirán en la vida de la persona, etc. Asimismo, la persona enferma suele ir a terapia individual, algo que en ocasiones también hacen otros integrantes de la familia. De este modo, lo que puede suceder es que la persona sea tratada con éxito e individualmente mejore, pero los problemas en el entorno familiar seguirán debido a las pautas que se establecieron entre los miembros de la familia con la llegada de la enfermedad. Por esa razón las familias pueden beneficiarse de la terapia familiar cuando experimentan un evento estresante que puede afectar a las relaciones familiares, ya sea en enfermedades de salud mental como son el abuso de sustancias, depresión, ansiedad, trastornos alimenticios, trastornos psicóticos, etc., y también enfermedades con un origen orgánico como son la demencia, el cáncer, las enfermedades de transmisión sexual, cardiovasculares, respiratorias, etc. La terapia de familia está encarada a trabajar con todos los integrantes de la familia, o, al menos, con aquellos que forman parte de un modo significativo en la situación como, por ejemplo, aquellos que conviven con la persona que está enferma. La importancia de la intervención familiar se basa en la relevancia del soporte familiar, la información práctica que se les aporta y la ayuda a resolver problemas durante períodos estresantes. La cuestión es que son muchas las familias que se plantean ¿qué podemos hacer nosotros si la enfermedad es el problema? Aquí se informa de lo que se trabaja en terapia familiar y de los beneficios que puede tener realizarla ante esta situación:
  • Se mejora la comunicación entre los integrantes de la familia.
  • Se fomentan las capacidades de los miembros para detectar las dificultades o las necesidades puntuales que pueden tener alguno de los integrantes.
  • Se ayuda a la reducción del nivel de estrés.
  • Se fomenta la confianza y el respeto entre sus miembros. Esto es importante puesto que sentirse respaldado por los familiares más directos suele ser clave a la hora de gestionar situaciones complicadas.
  • Se corrige los sentimientos de culpa y también de desesperanza debido a experiencias en tratamientos que han resultado ser un fracaso.
  • Se facilita nuevos modelos para relacionarse que permiten ajustar el papel que debe ocupar cada persona, así como lo que espera cada uno de los otros miembros del núcleo familiar.
  • Se trata problemas emocionales, conflictos y se afronta acontecimientos vitales estresantes en equipo.
  • Se potencia y fortalece los recursos de la familia que hayan podido quedar escondidos.
  • Favorece los vínculos emocionales y saludables.
En conclusión, la terapia que se dirige a la familia no solamente puede reducir o eliminar los síntomas que pueden haber llegado con el diagnóstico, sino que además la familia recuperará recursos que había olvidado que tenía y aprenderá de nuevos. Esto tendrá la finalidad de poder afrontar tanto la enfermedad como la rutina del día a día de una forma más saludable tanto para la persona afectada como las personas que la rodean. Alba Villen Graduada en Psicología en la Universidad Autónoma de Barcelona y estudiante del Máster Universitario en Psicología General Sanitaria en la Universidad Ramon Llull.

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